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Son animales silvestres acuáticos pero los encontraron viviendo en domicilios particulares: “Uno comía galletitas en el sillón”

Lifestyle 2026-08-13 07:00:03

Vivían en cautiverio sin poder desenvolverse plenamente como silvestres, situación que suele terminar en un final desolador

El caso conmocionó al país entero en junio de este año: dos jóvenes bahienses publicaron un video en el que mostraron cómo acorralaron y mataron a patadas a un coipo que habían encontrado de noche en la ciudad de Bahía Blanca, provincia de Buenos Aires. Y, aunque en los días posteriores, el video escaló rápidamente en redes sociales hasta volverse viral y provocar una indignación generalizada, el maltrato hacia esta especie todavía es un problema sobre el que concientizar y educar.

El coipo (Myocastor coypus) vive en ambientes acuáticos como ríos, arroyos, bañados, pantanos, esteros y lagunas, generalmente con abundante cobertura vegetal flotante y emergente, según indica el Sistema de Información de Biodiversidad de la Administración de Parques Nacionales, Argentina.

Un mes después de aquel aberrante episodio, dos individuos de la misma especie se encontraban en peligro. Sus rescates ocurrieron con días de diferencia en dos domicilios de la localidad de Berazategui, en la provincia de Buenos Aires.

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“Tomamos conocimiento y nos pusimos en contacto con fiscalía y la clínica veterinaria municipal para acercarnos a los domicilios donde se encontraban. En los dos casos hubo predisposición para entregarlos voluntariamente y permitir que comenzaran un proceso de rehabilitación”, detalla el rescatista Fernando Pieroni al frente de Fundación Planeta Vivo que rescate, rehabilita y asiste a animales en catástrofes.

Los animales vivían en cautiverio, dentro de domicilios particulares, sin poder desenvolverse plenamente como silvestres. “Si bien mantenían una alimentación principalmente a base de verduras y frutas, también recibían alimentos que no corresponden a su dieta natural, como harinas y galletitas. Más allá de su estado físico, uno de los principales desafíos era conductual: habían crecido en contacto permanente con personas y dependían del ser humano para alimentarse, refugiarse y desenvolverse”.

Mencho fue el primero en ser rescatado. Vivía dentro de una casa con un pequeño patio, convivía con perros y no tenía acceso a un espejo de agua, algo fundamental para un coipo, ya que son animales semiacuáticos que pasan gran parte de su vida en el agua. “De hecho, cuando ingresamos al domicilio, Mencho estaba arriba de un sillón”.

Emilia también vivía dentro de un domicilio particular, aunque contaba con una pileta para ella. La familia que la tenía manifestó que la había rescatado cuando era pequeña y que su intención era que algún día pudiera regresar a la naturaleza. “El problema es que, aunque muchas veces estas situaciones comienzan con una buena intención, cuando un animal silvestre permanece durante mucho tiempo en contacto con seres humanos puede acostumbrarse a nuestra presencia y perder conductas fundamentales para sobrevivir en libertad, por eso lo recomendable siempre es llevarlos a un centro de rescate para que su rehabilitación sea efectiva”.

Una vez que Mencho llegó al Centro de Rehabilitación de la Fundación Planeta Vivo, permaneció varios días en cuarentena y se le realizó una revisión veterinaria completa. Luego fue trasladado a un recinto natural controlado, donde comenzó una nueva etapa de su rehabilitación.

“Gradualmente fuimos reemplazando su alimentación por una dieta adecuada y disminuyendo el contacto con las personas. Durante los primeros días todavía se lo resguardaba durante la noche, pero, a medida que comenzó a mostrar avances, nuestra interacción con él fue cada vez menor”, relata Pieroni.

Uno de los cambios más importantes fue verlo comenzar a alimentarse por sus propios medios de la vegetación disponible. “A partir de ese momento empezamos a monitorearlo a distancia mediante cámaras y drones para evitar interferir en sus conductas naturales. Con el paso de los días comenzó incluso a escapar de nosotros cuando intentábamos acercarnos, una conducta que consideramos sumamente positiva: un animal silvestre que pretende volver a la naturaleza no debe buscar el contacto humano, sino evitarlo”.

Con Emilia se realizó prácticamente el mismo proceso, aunque ella logró adaptarse más rápidamente al nuevo entorno. Ambos coipos tienen aproximadamente un año y se conocieron en el predio de la Fundación Planeta Vivo. “Probablemente fue la primera vez que cada uno estuvo frente a otro individuo de su misma especie”, dice Pieroni emocionado.

La respuesta fue excelente desde el primer momento. Se adaptaron perfectamente el uno al otro y actualmente pasan gran parte del día juntos. Esto también es muy positivo pensando en una futura liberación. “Si ambos completan satisfactoriamente su rehabilitación y están en condiciones de regresar a un ambiente silvestre, nuestra intención es que puedan ser liberados juntos. Mencho fue y continúa siendo un gran guía para Emilia”.

Sin embargo, el trabajo continúa. Una de las principales amenazas que enfrenta la especie es la caza furtiva, incluso para consumo. “También sufren atropellamientos, especialmente aquellos que habitan ambientes naturales atravesados o rodeados por rutas. Otra problemática es el mascotismo y el comercio de fauna silvestre. Aunque parezca difícil de creer, existen casos en los que se mata a las madres para capturar a sus crías y posteriormente venderlas a personas que consideran atractivo tener un animal silvestre dentro de una casa. Lamentablemente, en las redes sociales vemos cada vez más contenido que intenta romantizar el mascotismo de fauna silvestre. Muchas veces se justifica diciendo “lo rescaté” o mostrando al animal aparentemente cómodo dentro de una casa. Pero rescatar un animal silvestre no significa apropiarse de él", advierte Pieroni.

¿Qué hacer si se encuentra un animal silvestre herido o una cría que necesita asistencia?

  • Recurrir a profesionales y centros especializados para que tenga la posibilidad de rehabilitarse y regresar a la naturaleza.
  • Mantener fauna silvestre dentro de una casa no solamente es ilegal: también es una forma de maltrato, ya que se le impide que pueda desarrollar las conductas propias de su especie, relacionarse con otros individuos, buscar su alimento, elegir dónde refugiarse y vivir como un animal silvestre.

“Por eso nuestro trabajo con Mencho y Emilia no consiste en lograr que confíen más en nosotros. Es exactamente al revés: trabajamos todos los días para que cada vez nos necesiten menos”, concluye.

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Si tenés una historia de adopción, rescate, rehabilitación o ayudaste a algún animal en situación de riesgo y querés contar su historia, escribinos a bestiariolanacion@gmail.com



Fuente: LA NACION (extraído usando lector RSS).



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