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A los 50 años, con una carrera exitosa, tomó una decisión que recomienda a todos: “La mejor inversión que hice en mi vida”

Lifestyle 2026-08-19 07:00:05

Como médico, investigó junto a los mejores en la Mayo Clinic, escribió para revistas prestigiosas y alcanzó un alto puesto, pero una pregunta le quitó el sueño: “¿Hacia dónde voy?"

En 2025, en el punto más exigente de su carrera, el médico e investigador argentino, Fernando Martín, hizo lo inesperado: se tomó un año sabático. Desde Barcelona, su nuevo lugar de residencia, reflexiona acerca del camino que lo llevó a dejar Argentina para vivir entre Europa y Estados Unidos, donde trabajó sin descanso, primero en el área de investigación de la Mayo Clinic (Fernando se especializa en investigación cardiológica y renal) y luego como Global Head para una importante farmacéutica. Pero cierto día, con sus 50 años a la vuelta de la esquina, sintió que era tiempo de replantearse su vida.

España siempre había estado en su radar, pero el trabajo como prioridad lo llevaba por senderos que parecían ser más convenientes. Aun así, Fernando sentía que su deseo de vivir en el país ibérico se hacía cada vez más fuerte, podía percibir cómo sus raíces españolas lo empujaban a dicha tierra: “Y Barcelona tenía un magnetismo conmigo. Una ciudad con arte, historia, comida, mar, montañas y gente a la que quiero mucho”, asegura el argentino.

Fue así que en 2023, desde Estados Unidos, Fernando se postuló para la ciudadanía española, pero para cuando llegó 2025, descubrió que él necesitaba algo mucho más grande que un traslado, necesitaba una pausa, cortar con la vida que sostenía hasta entonces: “Creo que cuando uno llega a los 50 años, experimenta un período de autoevaluación. introspección. Me daba cuenta de que mi vida profesional desde afuera se veía muy exitosa, pero llegar a eso había significado mucho trabajo. En los últimos años llegué a trabajar 12 horas por día”, revela Fernando, quien desde su posición ejecutiva en la farmacéutica, manejaba equipos, presión y atención a toda hora, que incluían mantener reuniones con Asia en horarios donde todos dormían, para luego seguir con Europa y toda América.

“En lugares como Suiza o Estados Unidos el trabajo es el eje de la vida. Me costó tomar la decisión, pero estaba muy cansado y me pregunté: ¿hacia dónde voy? ¿Dónde está mi vida personal? No me sentía bien”, revela Fernando, quien en su primera juventud jamás imaginó siquiera estudiar Medicina.

Fernando Martín, en la actualidad

“¿Cuál es la única carrera que jamás estudiarías?”

Muchos años antes de Barcelona, en un rincón de Córdoba, Argentina, Fernando leyó una pregunta: “¿Cuál es la única carrera que jamás estudiarías?” Entonces sonrió para sus adentros y escribió “Medicina”, sin dudarlo. En Córdoba Capital había cursado cinco años de primaria y ahora estaba en el primer día de su séptimo y último año de un bachillerato humanista estricto (Colegio Nacional de Monserrat), donde, a lo largo de su adolescencia, se había dedicado a absorber todo aquello que correspondía al universo de la historia, la filosofía, la sociología y las letras. Como casi todos sus compañeros, él creía que, finalmente, se transformaría en un flamante abogado.

Pero la historia comenzó a torcer su rumbo apenas unos días después, cuando un profesor de biología -materia que cursaban por primera vez- ingresó al aula y lo vio conversando a viva voz con un amigo, sin percatar su presencia. “Ustedes dos, adelante. Ya que están tan animados, cuenten de qué trata la lección de hoy”. Ese día a su hogar llegaron con un cero: “Yo era buen estudiante y ese evento me impactó”, revela Fernando, al recordar aquellos tiempos. “A partir de entonces me apliqué tanto en Biología, que me terminó gustando mucho”.

Fernando Martin

Y así, el año transcurrió diferente para un alumno que creía tener su futuro claro. Cuando el día de la inscripción a la universidad arribó, el joven cordobés eligió la única carrera que había desestimado: Medicina. Sin saberlo, aquella elección inesperada le abriría las puertas al mundo.

Una crisis, una insistencia y un artículo de un hombre que lo cambiaría todo: “No me doy por vencido”

En el cuarto año de la carrera de Medicina, Fernando entró en crisis. ¿Realmente quería pasar su vida atendiendo pacientes? Fue entonces que su madre le mostró un anuncio en La Voz del Interior, donde solicitaban un médico, veterinario o biólogo para el área de investigación de una clínica. El joven llamó y la recepcionista lo cortó en seco: “Es solo para recibidos”. Fernando, que creía que aquello era una posición injusta, insistió. “Es solo para gente con título”, reiteró ella. Sin embargo, él le rogó que consultara por favor si podían considerarse estudiantes avanzados, y ella, consciente de que no desistiría, accedió a su pedido: “Le dijeron que sí. Tal vez en ello radica un poco el camino de mi vida”, reflexiona Fernando. “No me doy por vencido”.

En el marco de la entrevista, el joven tuvo que elegir una publicación científica de la biblioteca de la clínica para analizarla y hacer una presentación unos días más tarde. Fernando no podía salir de su asombro, jamás había estado en una situación interactiva dentro de la ciencia. Un tanto al azar y otro poco porque le llamó la atención, eligió un artículo escrito por John Burnett Jr., un reconocido médico cardiólogo de la Mayo Clinic de Estados Unidos. Su presentación fue muy bien recibida y le anunciaron que había sido elegido, pero que no podrían pagarle.

Mayo Clinic, una institución reconocida que Fernando jamás imaginó que formaría parte de su futuro.

A pesar de tratarse de un trabajo no remunerado, Fernando aceptó. Frente a él se abría el camino hacia lo que buscaba: sumergirse en el mundo de la investigación para colaborar en profundidad en el universo de la medicina.

Una propuesta para vivir en exterior y un “mentor invisible” para elegir el rumbo: “El no ya lo tenés, andá por el sí; intentalo”

A los 25 años, Fernando recibió su título y, junto a él, la propuesta por parte de la clínica para ahondar en su camino de investigador en Detroit, Estados Unidos: “En un comienzo no me gustaba la idea de irme del país y dejar a mi familia y amigos”.

Pero fue durante esos mismos días que recibió un mail con un artículo de la revista The Scientist y, para su sorpresa, estaba firmado por John Burnett Jr., el autor que había seleccionado para obtener su puesto de investigador: “Allí, en la nota, se presentaba todo maravilloso. Me encendió la llama de la pasión. Quería ingresar a la Mayo Clinic de Burnett, en Minnesota, aunque para un chico de Córdoba parecía imposible”, asegura. Sin embargo, su jefe, el Dr. Néstor García, lo alentó. “Si es un deseo fuerte, luchá por él. El no ya lo tenés, andá por el sí. Intentalo”, sentenció.

Fernando escribió una carta manuscrita para John Burnett, la envió por correo y, cuando al mes no obtuvo respuesta, llamó por teléfono a la clínica. “Te paso con el doctor”, le dijo la secretaria para su sorpresa. El joven temblaba. Del otro lado, un hombre amable le preguntó si podía enviarle su CV, sus investigaciones y si existía la posibilidad de que alguien lo sponsoree. No había beca posible, pero Burnett vio algo en él. Meses más tarde, Fernando recibió la noticia de que formaba parte de la clínica Mayo como investigador, con un sueldo pago.

Esta vez sí deseaba volar. Él había generado su camino hacia el extranjero, aunque se iba con la idea de volver. Aun así, empacó sus fotos de la infancia, algunos libros queridos y su música favorita, como si en el fondo dudara de su regreso. Del otro lado lo esperaba una nueva vida de la mano de un mentor invisible, John Burnett, el nombre de un señor que había elegido casi al azar en una biblioteca y que cambió su rumbo para siempre.

El día de la despedida, en mayo de 2003.

Llegar a uno de los lugares de mayor prestigio: Mayo Clinic

Cuando Fernando pisó Estados Unidos por primera vez, allá por el año 2003, no notó grandes diferencias y creyó que todo fluiría de manera similar a su tierra. Con el tiempo, sin embargo, lo que yacía más allá de la superficie, emergió. Detrás de una amabilidad extrema, halló a una comunidad distante, que le costaba mucho abrirse a un vínculo de intimidad.

“Y cuando abren esa puerta de la intimidad, no es lo mismo”, asegura. “Con el tiempo, conocí mucha gente de diversos países y esa cercanía sí se logra con un español, un latino o un italiano, pero en Estados Unidos es diferente”.

“A su vez, en la clínica Mayo, al ser tan prestigiosa, trabajan personas de todos los puntos del planeta. Eso me abrió a una perspectiva cultural que en Argentina no tenía. El italiano me hablaba con una pasión y un volumen altísimo y el japonés todo lo contrario. Uno aprende a manejarse con estas experiencias. También uno empieza a ayudar. Los aprendizajes que más llevo en el corazón son el intercambio de culturas y el aprendizaje mutuo. Es un privilegio haber podido vivir eso. Te hace fuerte y también una persona más interesante”, dice emocionado.

Junto a John Burnett, Yo_Chen y Tomoko Ichiki.

Un investigador científico en Nueva York: “A todos les aconsejaría vivir allí por un año o dos”

Lo cierto era que Fernando no podía salir de su asombro, nunca antes había visto el mundo de la forma en que ahora se presentaba. Gracias a su nuevo trabajo como investigador científico, debía exponer en congresos que se celebraban en diversos puntos de un planeta, que se abrió ante él vasto y multicultural. Conoció Estados Unidos a lo largo y lo ancho, así como Europa y parte de Asia en profundidad.

“Si el congreso era en Alemania, por ejemplo, me tomaba unos días más para recorrer ese país específicamente”, cuenta. “Vivir esto fue un impacto fuerte, me abrió la cabeza. En aquella época, antes de las redes sociales, uno vivía en un mundo muy argentino. Conocer gente, lugares, sabores, fue maravilloso”.

En Osaka, Japón, donde presentó en un congreso de cardiología.

Cuando el 2012 llegó, Fernando decidió que, tras nueve años en Minnesota, necesitaba un cambio. Aceptó una propuesta en Nueva York como director científico en Medscape, donde desarrolló contenido educativo para médicos.

“El cambio a Nueva York fue impactante y yo iba con sed de cultura. A mi me gusta mucho la ópera y los conciertos en todos sus géneros y en Nueva York te exponés a eso, a actividades culturales por donde las busques. La gente en Nueva York es muy dinámica y perseverante. Es una ciudad que te hace fuerte. A todos les aconsejaría vivir allá al menos por un año o dos”.

De Estados Unidos a Suiza: “Si la gente en Minnesota tarda dos años en decirte que sos el amigo, en Suiza tal vez sean unos diez”

Fernando había adoptado el ritmo acelerado de Nueva York, y tras un tiempo, aceptó un empleo dentro de una compañía farmacéutica, que lo introdujo a otro mundo y a un nuevo cambio de vida. La compañía fue comprada por una empresa suiza y Fernando recibió la propuesta de liderar un nuevo equipo global en Zúrich.

“Siempre había querido hacer una experiencia de vida en Europa, preferentemente en España. Cuando me dijeron Suiza, sentía que no era mi sueño personal, pero sí una oportunidad hermosa”, cuenta Fernando, quien se trasladó al viejo mundo en el 2017.

Fernando disfrutó mucho de los paisajes suizos.

En los primeros tiempos en Zúrich se desempeñó como responsable global de educación médica, sin naturaleza promocional. Fueron épocas duras, por el idioma alemán, que enseguida comenzó a estudiar: “Al igual que en Estados Unidos, intenté incorporarme a la cultura y al idioma, es clave”.

Tras un período en Zúrich llegó el traslado a Lausana, en la parte francesa de Suiza. Fernando ya conocía el idioma, por lo que supuso que le sería más sencillo socializar. Aun así, se encontró con una cultura disonante a su propio estilo: “Si la gente en Minnesota tarda dos años en decirte que sos el amigo, en Suiza tal vez sean unos diez”, dice entre risas.

Cocinando para amigos en Zúrich.

Nueva York, Miami, Barcelona y el año sabático

La pandemia golpeó a la puerta de Fernando en un momento crucial. Suiza le parecía una nación bellísima, pero ansiaba regresar a una ciudad como Nueva York, impregnada de cultura ecléctica.

Cuando la oportunidad de volver surgió, Fernando no lo dudó y Nueva York ingresó una vez más en su vida, enérgica, adicta al trabajo y colmada de arte. Más tarde, llegó Miami, más trabajo duro y el punto de inflexión en la víspera de sus 50 años, cuando no solo decidió irse a vivir a Barcelona, sino tomarse un año sabático.

La ciudadanía que Fernando tramitó en 2023 para vivir en España no salió, por lo que optó por postularse a una visa no lucrativa, donde se puede residir sin trabajar, y se debe demostrar que uno tiene los medios para mantenerse.

Un regreso feliz a Nueva York, una ciudad que hoy tiene sabor a hogar.

Una recomendación para aquel que ha trabajado duro: “La mejor inversión que he hecho en mi vida”

Más de veinte años pasaron desde que Fernando empacó sus fotos de la infancia en Argentina y su música favorita diciendo que iba a volver, incapaz de aceptar que se trataba de un adiós. Cada acción tuvo una consecuencia en la construcción de su historia de perseverancia. Y hoy, en su año sabático, observa el camino y comprende la importancia de alcanzar un equilibrio.

La iglesia en la cima del monte Licabeto, en Grecia, donde obtuvo la bendición en el día de su cumpleaños número 50.

Para Fernando, tomar la decisión del año sabático fue muy complejo. Cuando mira hacia atrás siente orgullo de ese chico de Córdoba de clase media, que se recibió de Medicina y llegó a los lugares de mayor prestigio, escribió papers para las mejores revistas científicas, alcanzó grandes reconocimientos por sus investigaciones, dio conferencias que le permitieron recorrer el mundo e incluso cambió su carrera hacia un rubro de alta exigencia.

Pero todo eso mismo que hoy le provoca orgullo, es lo que admite que lo dejó exhausto: “Este año sabático me ha servido muchísimo. Para meditar, para conectar conmigo, para reconectar con mis amistades y socializar, para aprender catalán, tomar clases de canto, de guitarra con un profe argentino (Juan Manuel Hauser), también comencé a entrenar, a hacer artes marciales mixtos, jugar al pádel”.

Para Fernando, uno de los aspectos más importantes de tomar un año sabático es el de reconectar con sus amistades y fortalecer su vida social.

“También estoy haciendo un trabajo de terapia muy importante e intenso”, cuenta Fernando, quien en junio recibió el anuncio de que le otorgaron la ciudadanía española, por lo que ahora cuenta con tres pasaportes: argentino, estadounidense y español.

“Amo Barcelona”, continúa emocionado Fernando, quien jamás deja de llevar a la Argentina y a Córdoba en su corazón. “Casualmente, el 9 de julio, día de la independencia argentina, me dieron el pasaporte y DNI español”.

“Para mis 50 años me fui a Atenas para un viaje de reconexión. En mi día subí al monte más alto, Lycabettus, donde hay una pequeña iglesia griega ortodoxa, y el sacerdote, con quien me había comunicado antes, me dio una bendición. Después me quedé solo, ya de noche, en la cima del monte con todas las luces encendidas, meditando para conectar conmigo. Fue muy bonito”.

Para Fernando, la música es el faro de su vida.

“Uno ha sido educado con la idea de que el éxito profesional lo es todo. Pero un día te das cuenta de que sí, todo eso que hiciste es muy bueno, pero que has dejado tu vida personal de lado. Me parece que frenar y corregir el rumbo es muy importante. Entiendo que soy privilegiado por poder tomarme un año sabático que pronto llegará a su fin. Pero, por Dios, ¡se lo recomiendo a todo el mundo!, recomiendo que en algún momento de su vida frene un poco, sobre todo si tuvo una vida profesional muy intensa, hacer introspección, cuidarse. Detenerme, conectar conmigo, creo que ha sido la mejor inversión que hice en mi vida”, concluye.

*

Destinos Inesperados es una sección que invita a explorar diversos rincones del planeta para ampliar nuestra mirada sobre las culturas en el mundo. Propone ahondar en los motivos, sentimientos y las emociones de aquellos que deciden elegir un nuevo camino. Si querés compartir tu experiencia viviendo en tierras lejanas podés escribir a destinos.inesperados2019@gmail.com . Este correo NO brinda información turística, laboral, ni consular; lo recibe la autora de la nota, no los protagonistas. Los testimonios narrados para esta sección son crónicas de vida que reflejan percepciones personales.



Fuente: LA NACION (extraído usando lector RSS).



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